1.- Evidentemente, hoy en día, no existen los Caballeros Templarios históricos sino que, lo que existen, son las Órdenes neoTemplarias. Las hay de diversos tipos: unas son grupos de amigos con un interés común en el Temple; otras son de tipo recreador, que utilizan vestimentas similares a las de la Edad Media y participan en actos histórico-culturales, batallas y demás; y, por último, están las verdaderas herederas del sentimiento Templario, como la Orden sobre la que está leyendo, que tienen una personalidad jurídica, constituidas y registradas oficialmente y con unos objetivos, actividades y sentimientos lo más parecidos a los originales. Queda un cuarto grupo aparte de personas que se juntan en las redes sociales y que manifiestan ser templarios “espirituales” que ni visten uniforme templario, ni realizan actividad alguna, ni celebran ritos, ni ceremonial, ni nada. Tan sólo se dedican a escribir bendiciones en el grupo y a poner imágenes alusivas a frases, supuestamente templarias, con menor o mayor acierto. Este cuarto grupo, desde luego, no es Templario. El Temple exige algo más, mucho más.
2.- Ser Templario hoy en día, al igual que en el pasado, exige devoción y acción. Un Templario debe dar ejemplo, y debe notarse que es Templario no por la capa y la espada, sino por cómo trata a los demás.
Evidentemente, los Votos tradicionales de la Orden Templaria están adaptados a hoy en día: la Castidad (fidelidad a nuestra pareja); Pobreza (sin despilfarrar, haciendo buen uso de la economía familiar); Obedicencia (observando las pautas de nuestros Mandatarios o Superiores).
Se intentan realizar diferentes actividades en beneficio del prójimo; no se trata de ser un guerrero espada en mano repartiendo mandobles. Se trata de ayudar en lo que cada uno tiene más capacidad: puede ser ayuda monetaria; acompañar a enfermos o personas mayores; puede ser mediante la formación y la educación para erradicar el analfabetismo, ayudar a los niños a estudiar, a adultos que se han quedado estancados en un aspecto determinado (Nuevas Tecnologías, por ejemplo); expresando una palabra de consuelo; donando sangre… Y, siempre y, en cualquier caso, estudiar, trabajar y ejercer nuestras acciones diarias para mayor Gloria del Nombre de Dios, jamás por la nuestra propia.
3.- Hay grupos en redes sociales relacionados con el Temple en los que hay personas que piensan que, por ser miembros de una página, ya son Templarios. Ser Templario es algo mucho más elevado, que merece ser respetado y, desde luego, algo que no debe tomarse a broma. Ser elevado como Caballero o como Dama exige un ritual que sigue, en sentido amplio, el ritual caballeresco y Templario de la Historia y la Regla. En estos grupos se puede asistir a ceremonias por videoconferencia, ausencia de rituales, ceremonias sin rituales rayando en una cadena de producción, cursos de manejo de espada… De todo lo más surrealista que una persona pueda imaginar.
4.- Ser Templario no es algo que queda «bonito» en un Curriculum Vitae o en una conversación entre amigos (Pues soy templario; uy, cómo «mola»).
Ser Templario es una devoción. Sí, los Templarios rezamos (no como los históricos) y tenemos nuestros momentos de introspección o reflexión. Vivimos nuestra Fe cristiana y damos testimonio. E intentamos dar ejemplo de convivencia, respeto y ayuda al prójimo.
Y nunca para que nos den las gracias o una palmada en el hombro sino para glorificar el Nombre de Dios con nuestros actos.