Preámbulo
Nosotros, Templarios profesos de esta nueva era, conscientes de nuestra responsabilidad ante Dios y la Sociedad, ante la Historia y ante la herencia de la Fe, nos comprometemos a vivir conforme a los principios eternos que guiaron a nuestros antecesores, de cuyo espíritu nos declaramos herederos, mas no de su histórica institución.
No somos una orden política ni una fuerza armada. Somos una milicia espiritual, consagrada a la defensa de la Fe cristiana, la Cultura occidental y los Valores perennes de Respeto, Lealtad y Servicio.
Este Código no se impone por la fuerza, sino que se convoca por el Honor. Quien lo abrace, no lo haga por vanidad ni gloria, sino por Obediencia al Rey Eterno.
Fe
El Templario moderno profesa la Fe cristiana de forma íntegra, sin acomodarla al mundo ni diluirla para agradar a nadie. Defiende el magisterio de la Iglesia y reconoce a Cristo como Señor absoluto sobre toda vida y cultura.
Reza diariamente, asiste con reverencia a la liturgia y consagra tiempo al estudio de la Palabra y de la Doctrina, así como al conocimiento de la Ciencia y la Cultura, para comprender mejor la Creación y servir con más eficacia a la Verdad. La Cruz es su estandarte, su refugio y su destino. Nada está por encima de su lealtad a Dios.
Honor
El Templario nunca miente, no difama, no traiciona. Su palabra es firme como roca, su nombre es limpio como escudo sin mancha.
Rechaza la doble vida, la doble moral y toda forma de hipocresía. Lo que cree, lo vive. Lo que dice, lo respalda. Es noble en sus actos, incluso ante enemigos. La Victoria sin Honor es Derrota. No busca fama, sino Virtud. No anhela elogios, sino Verdad.
Disciplina
El Templario es ordenado en sus costumbres, sobrio en su vida, vigilante de sus impulsos. Su cuerpo, mente y alma están al servicio del Reino de Dios. Huye del vicio y cultiva la virtud.
Evita los excesos, renuncia a toda forma de esclavitud interior y entrena su voluntad como un guerrero afila su espada. No permite que la Ociosidad, la Ira, la Lujuria o la Pereza tomen el mando de su Espíritu.
Defensa de la Verdad
El Templario moderno combate el error con caridad, pero con firmeza. No se acobarda ante el relativismo, la indiferencia espiritual ni la corrección política. Su lealtad es a la Verdad, no a las modas. Venera en la Sindone, testigo silencioso de la Verdad más grande, el icono del Amor redentor escrito con Sangre y Sacrificio.
Si es necesario, hablará solo. Si lo atacan, bendecirá. Pero jamás callará por miedo. Promueve el bien común según el orden cristiano, no según las ideologías del momento.
Fraternidad
El Templario no es lobo solitario. Ama, respeta y apoya a sus hermanos Templarios. Nunca abandona a un hermano en batalla espiritual. Reza por él, lucha a su lado y lo corrige con amor si cae.
Practica la Hospitalidad, la Solidaridad y la Unidad. La división es la herida más letal. Si hay discordia, busca la reconciliación. Si hay confusión, busca la verdad en común.
Protección del Inocente
El Templario protege la vida desde su concepción hasta su muerte natural. Defiende la dignidad de los más débiles: los niños, los ancianos, los perseguidos, los que no tienen voz.
No es indiferente al sufrimiento ajeno. Su Fe se traduce en acción, su Caridad en obras. Donde el mundo desprecia, él valora. Donde el mundo calla, él denuncia.
Cultura y Belleza
El Templario es defensor de la Belleza cristiana: el Arte, la Arquitectura, el Pensamiento. No permite que lo sagrado sea profanado ni que lo bello sea destruido.
Forma su mente con el Conocimiento y la Filosofía cristiana, elevando su intelecto hacia lo Eterno. Educa, enseña, comparte y se esfuerza en transmitir el legado de la sabiduría adquirida como acto de crecimiento espiritual e intelectual.
Esperanza y Resistencia
El Templario no se rinde, ni cuando el mundo lo insulta, ni cuando el futuro parece oscuro. Su esperanza no es utópica; está anclada en la Resurrección de Cristo y la promesa del Reino.
Resiste con alegría, con paciencia, con firmeza. Su alma no se deja intoxicar por la desesperación. Sabe que la victoria no es siempre visible, pero es siempre cierta pues Dios combate junto a él.
Conclusión
Este código no es una lista de deberes, sino una vía de vida, una armadura invisible, una consagración diaria. Quien lo vive se transforma en faro en medio de las sombras, en muralla contra el caos, en semilla de una nueva Cristiandad.
Templario del siglo XXI: no temas, no te escondas, no renuncies. El espíritu del Temple vive en ti.
Non nobis, Domine, non nobis, sed Nomini Tuo da Gloriam.